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lunes, 21 de enero de 2013

El fin de semana lo pasé en la casa de mi mejor amigo, recordando esos viejos tiempos que tanta falta me hacían. Le hice chocolatadas a altas horas de la madrugada. Fumó, cantó, me explicó un poco de guitarra, me mimó. Me abrazó. Cocinó la torta que le enseñé cuando éramos chicos. Merendamos al aire libre. Cantó. Tocó la guitarra. Llamó a su mejor amigo. A su novio. Los invitó a su casa. Me besó. Lo besó. Nos cocinó la cena. Tocaron juntos otra vez. Miramos películas. Me dejó dormir en su cama. Me despertó a los besos. Nacho seguía tirado en el piso, durmiendo. Volvió a abrazarme cuando me largué a llorar porque necesitaba estar con ellos, estar bien con ellos, volver a estar así. Me acarició el pelo. Siempre me transmite esa seguridad que no encuentro en otra persona, que quizás no quiero encontrar en otra persona. Porque lo importante de Franco son los detalles; lo mucho que me conoce, la facilidad con la que adivina lo que me pasa; la palabra justa en el momento justo; los gestos; cómo me deja cuando necesito libertad, sin siquiera tener que pedírselo; el amor con el que me mira; la ternura cuando me habla; como es capaz de perdonarme cualquier cosa, y a pesar de eso yo no quiero lastimarlo. Ya no. Nunca más.
Si algún día encuentran una persona que los quiera así, no la dejen ir. No la dejen "pasar" por sus vidas. Hagan todo para que se quede para siempre. Al menos para que deje una huella, que signifique. No hay nada más lindo que esos silencios cómodos que podrían durar por siempre. Él lo sabe y se aprovecha seguido. A veces ni siquiera se toma el trabajo de responder. A veces nos odiamos tanto como nos queremos, pero inevitablemente volvemos al otro cuando algo nos desestabiliza. No hay nada como llorar abrazado a alguien que te quiere de verdad, que daría lo que fuera por sanarte un poquito. En serio, no lo dejen pasar.

Ah, otra cosa: Me da ternura la gente que lee lo que escribo y me lo hace saber. Con un comentario anónimo, por connected, por Facebook, por dónde fuera. ¡Sepan que lo valoro mucho, gracias!
Espero volver a escribir más seguido.
Los quiere, 
B.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Un pedacito de lo que me pasa

Me gusta cuando se ríe. Me gusta siempre, bah. Pero me gusta escuchar cómo se ríe porque no tiene una de esas risas estruendosas (como la mía, digamos), ni de esas sin sonido que parece que son más por cortesía que por sinceridad. Su risa es perfecta. O no. Pero es amena y a mí me hace feliz. ¿Pero qué no nos hace felices cuando se trata de hablar de la persona con la que queremos pasar los siguientes años (quizás meses o semanas, o simplemente un poco de tiempo)? Pero ese tiempo no es como el resto de los días que queremos pasar con amigos, tomando mate, tocando la guitarra y hablando de la vida. No, ese tiempo, que queremos regalarle entero y con moñito, pretende ser especial. Quizás porque queremos enseñarle a querernos o simplemente porque estar con esta persona nos hace bien.

Entonces el miedo nos da unos golpecitos en la sien con los nudillos y nos recuerda, como fiel compañero que es, que es el único que va a estar ahí el resto de nuestras inciertas vidas. Pero el miedo, por lo menos ahora, tiene sus razones. Nos pregunta, en susurros, qué pasaría si esta persona no quiere nuestro regalo, no le gusta el envoltorio o el moñito. O le gusta el regalo pero no de quién viene y entonces todo nuestro proyecto se destruye como los castillos de arena que están hechos muy cerca del mar cuando viene una ola. Pero cuando ésta se va por donde vino y sólo nos quedan restos aguados de todo lo que nuestro castillo soñaba ser, su sonrisa nos inunda la mente. 

¿Se dieron cuenta que empecé hablando de mí y ahora estoy hablando de todos en general? No importa, yo sé que pasaste/pasás/vas a pasar por esta etapa de mierda que se llama enamoramiento en la cual la incertidumbre es lo único que prevalece y va matando o inflando a gusto y piaccere. 

Así que vamos a retomar esa parte en la que yo decía que me gusta cuando se ríe. Me gusta ver cuando la sonrisa alcanza sus ojos, aunque es probable que sea algo que no me pasa sólo con él si no con toda la gente que quiero y que quiero bien. La verdad es que en esta situación se potencia, se potencia todo lo que me pueda llegar a pasar con otra persona. Pero no viene al caso. Tampoco queremos que el susodicho se asuste por la magnitud de todo esto y se espante. No es que me haya sacado el corazón, lo haya puesto en una caja y le haya atado una cinta. El corazón sigue en su lugar, creo. Les daría una certeza si pudiera corroborarlo pero no voy a llegar metiéndome la mano en la boca. 

Tengo pulso, ¿sirve? Espero que sí.

Ya estoy diciendo incoherencias, sepan disculpar.

¡Cuánto estoy escribiendo estos días! ¿Será la tristeza que se esconde atrás de esta aparente alegría para no frenar un minuto y ponerse a llorar? No lo sabemos. 

Pero hasta que lo sepamos, les dejo esta entrada y un beso. Se me cuidan.

(Quizás vuelva pronto, quizás no. Eso tampoco lo sabemos.)

jueves, 16 de agosto de 2012

La vida es una vorágine. Acabo de llegar a esa conclusión. No quería ponerme filosófica ni muchos menos, es más, pretendía escribir ficción pero vi el rectángulo blanco, el cursor titilando y llegué a esa conclusión.
Siempre algo ronda nuestra mente y nunca terminamos de abandonar ciertas cosas para permitirnos no hacer realmente nada por un rato. Y con "realmente nada" me refiero a buscar un lugar al aire libre lo más alejado posible de la ciudad para tirarnos en el pasto mirar al cielo y no hacer nada. Dejar de pensar y si es posible de sentir. O quizás no dejar de sentir, pero sí dejar de enredarnos en esa maraña que a menudo nos causan los sentimientos. Percibir los que nos rodea, el sol acariciándonos la cara y despreocuparse del tiempo que pasa, la gente... Creo que estamos perdiendo la esencia. Hasta hoy no lo había notado o quizás sí pero no con tanta atención y me preocupa. Tampoco pretendo decir que la tecnología y bla bla bla y el capitalismo y todo nos están cagando la vida. Nosotros nos dejamos quitar la esencia, también. Para pensar.

(No lo escribí hoy, lo encontré en borradores)

jueves, 26 de julio de 2012

Cambio y fuera.

    "Bueno, tengamos en cuenta que tu papá nunca fue un gran padre, al menos para vos o con vos". Dijo eso. Dijo solamente eso y yo me largué a llorar. Porque a veces las cosas me sobrepasan y esa resignación, más pretendida que real, se deshace y me lleno de deseos de que las cosas, o en particular esta "cosa" que es la relación que tengo con mi papá, fueran diferentes. 
    Se sintió culpable por lo que había dicho y quiso volver sobre sus palabras pero ambos sabíamos que era verdad, y se lo dije. "Es raro escuchar esa clase de pensamientos afuera de mi cabeza. Al final, creí que era la única que lo pensaba". Y adiviné la sonrisa en sus labios mientras la frase abandonaba mi boca. "¿Querés que nos encontremos así charlamos bien? Siento que querés hablar y es raro. No vos hablando sino vos hablando de esto.", ofreció. Y me negué. A veces por teléfono llego a ser mucho más expresiva, a veces. "No sé qué hacer". "Dejar de esperar, Ana. Siempre estás esperando que él cambie. Sin decirle nada. Ni siquiera le explicás lo que te pasa. Y te entiendo, hay cosas de las que debería darse cuenta solo, como nos damos cuenta todos los demás. Pero no lo podés culpar por eso, justo por eso no. Si no empezás a hablar con él... no...". "I got it". "Sí, pero seguís sufriendo. Siempre sabés la respuesta y sin embargo acá estás, llorando. Dejate ayudar". "Creo que fue con el propósito con el que te llamé, aun cuando sabés que me cuesta admitir que necesito tu ayuda.". "Orgullo". "No, orgullo un carajo. Vos después me jodés por meses cuando te pido que me ayudes". "Me gusta ayudarte, eso comprueba la teoría de que yo siempre fui el más maduro." Me reí para no responderle y además porque sabía que estaba jodiendo. Hubo un silencio largo en el que yo me perdí cantando la canción de Kings of Leon que sonaba del otro lado del teléfono mientras él se distraía con no sé qué. "¿Vas a dejar de esperar que cambie?" "¿Vos vas a dejar de soñar algún día?". "No te hagas la viva". "Es probable que no, Franco, qué se yo. Es todo tan complejo". "Tu vieja es compleja". "Mi mamá es lo más grande que hay y la amo". "Perdón, no me claves las uñas. Hablando de familias, papá me está llamando. Y-oh-casualidad está tu papá en la oficina. ¿Algún mensaje que quieras que le deje?" "No. No le digas nada". "No le voy a decir nada, ¿quién te pensás que soy? Además si tuviese que reaccionar a tu sufrimiento y a su ceguera ya tendría que haberle pegado hace tiempo". Le agradecí las soluciones y la franqueza, al final Gustavo le eligió bien el nombre. Cuando corté, habíamos estado hablando como media hora. Creo que esta es la parte que más nítida tengo de la conversación y quizás la más útil. Aunque ya había llegado a este puerto en terapia. Todavía no logro descifrar por qué sigo esperando de él, de papá. Porque en general no espero nada de las personas, o sí. Pero no cambiarlas, digo. Mi papá necesita un cambio. Necesita abrir los ojos y darse cuenta que está permitiendo que su familia se derrumbe a pedazos y groseramente. Necesita darse cuenta que ser buen padre también es preguntar, de vez en cuándo, qué te pasa y cómo te sentís; pedir perdón por lo que hizo o por lo que dejó que pasara. Pero ya sé, los hijos no vienen con manuales. Sé también que debería enseñarle un poco a ser papá, mi papá. Porque ser mi papá no es lo mismo que ser papá de Cata o de Lisandro; simplemente porque somos individuos distintos. 
    Últimamente siento que todo es una maraña de cosas que sola no puedo desatar. Al final siempre puedo, desatar o enmendar ese nudo imposible, porque es algo que me ha pasado algunas veces. Tenía esta cosa adentro que me agarra siempre que siento que la relación con mi papá llega al clímax de la destrucción, donde ya casi no hay vínculo. O sí, pero de ese vínculo distante que roza lo extraño. Llamé a Franco porque necesitaba hablar con alguien. Y acá estoy, escribiendo esto con un café de por medio e intentando encontrar algunas conclusiones en mis propias palabras. Y sigo prometiéndome que algún día le voy a hacer saber todo. Porque me lo debo a mí y a mi psiquis. 
    Disculpen si los aburrí con lo que siento. Pero necesitaba poner sobre la mesa algunas cosas para analizarlas con detenimiento y esta es mi "mesa", llena de borradores escritos con pluma, manchados de tinta y café. 
    Los quiero, a ustedes y a los borradores.

sábado, 28 de enero de 2012

Es raro volver a un lugar que solías frecuentar en el pasado; un lugar en el que fuiste feliz, o al menos tuviste  algunos momentos felices, y que, ahora, opacado por el tiempo y cómo se desencadenan las situaciones, parece lejano y melancólico. Te sentís fuera de lugar y observás todo como si fueras ajeno, como si lo que pasara no pudiera rozarte. Sentís que lo conocés bien y a la vez no lo conocés nada. Porque pasaron tantos años, tantas cosas, tantos sentimientos. Fueron solo dos lugares en los que me sentí así.
En el primero, la lejanía era un defensa contra esos hechos que no quiero recordar, y al parecer mi mamá tampoco. Un pasado que no fue bueno y podría haber sido mucho mejor; quizás los años más difíciles de mi corta vida. Dejamos de ver a la persona que nos llevaba a ese lugar y por lo tanto dejamos de frecuentarlo. Volver fue raro e impersonal, sobre todo acompañadas de personas que no saben los momentos que pasamos ahí.
En el segundo, la melancolía es el duelo por la relación que podría haber tenido con mi papá. Un "qué hubiese pasado" si en ese abril donde las cosas cambiaron tanto me tragaba el "no vuelvo más a tu casa" y me resignaba, con la cabeza gacha, a intentar ignorar lo que Lorena decía.
Es la misma incomodidad que sentís cuando le hablás a alguien que solía ser tu amigo y que por las circunstancias de la vida ya no lo es. Necesitás llenar el espacio con palabras y seguir para delante ciegamente; porque si parás, sentís. Y duele, duele hasta el punto de desear que las cosas fuesen diferentes.
Lo más triste es que vos y yo sabemos que nada podemos hacer. El pasado no se cambia. Y somos ésto, nosotros, por el pasado que nos marcó.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Te extrañé, my dear. Y te necesité, my dear. Estoy sin terapeuta, eso. Se me están acumulando las cosas y tengo que hacer un borrador del lío que tengo en la mente.
Hoy fui a visitar a la abuela, que cada vez está más loca. Me vio el tatuaje y me pidió que le explicara por qué me lo hice y que significaba para mí. Le expliqué con la misma explicación que le doy a todo el mundo que no me conoce lo suficiente para entender. Entonces me soltó la frase: que ella no se haría una tatuaje, dice, ahora que es mayor ni cuando fue joven, porque no me acuerdo quiénes dicen que los tatuajes agujerean el alma. 
Claro, cómo iba a reírme yo de uno de los tantos principios de la religión que mi abuela se creó. Así que opté por reírme en la mente y pensar lo agujereada que debe tener el alma Frank. Reparé, entonces, de la nada, lo poco seria que puedo ser la mayoría del tiempo.
Y mientras ella seguía diciendo que para ser monje no te tenés que tatuar, yo pensaba en la frase de Ana (mi psicóloga) cuando dijo que me había tatuado en un momento que, parecía, tenía el arte a flor de piel. No por nada, dicen.
Tengo en la cabeza ideas sueltas que plantean lo que es el amor. Muchas películas y mucha novela escrita últimamente. Es que lo necesito para uno de los personajes, entender yo que es el amor para mí, para poder explicarlo desde los dos puntos de vista. Difícil, complejo, sólo yo me meto en esas cosas.
Steve Jobs me sigue observando intensamente desde la tapa de su biografía, como diciendo "dale, cuándo me vas a terminar" y en la repisa están los tres tomos que forman la decepcionada mirada de Cortázar que me recrimina que nunca lo terminé; y yo me excuso.  
Mi papá con sus hipocresías y yo convenciéndome de que es el pelotudo dominado que elige ser.
Una familia que te pide que la agregues a Facebook y vos que pretendes salvaguardar tus reflexiones, por lo menos, en Internet. Paradójico que intente resguardar reflexiones en un blog que podría, en caso de que se quisiese, estar al alcance de cualquiera. Pero confío en que no me encuentren, confío en que sean lo suficientemente malos como para no poder encontrarme en Google, ni en Facebook, ni en ningún lado. Y si no me cambiaré el nombre a Bruno, a Bruno algo, a Bruno... debería charlar con Basile el apellido.
No volví a escribir un cuento corto desde María, que tiene sexo. Que es, creo, el primer cuento corto que mi mamá lee, que yo escribí, que tiene sexo. Sexo leve y embellecido por la ambigüedad de una metáfora pobre que alza, orgullosa, su frente. Recién empiezo, se convence. 
"A single man" que me agotó las lágrimas de las próximas cinco noches y Adele que me parte la cabeza con "Someone like you".
Josefina que se me vino a la cabeza de la nada por una puta canción.
Mi mamá que tiene un blog sin entradas y en cualquier momento me hace la contra.
Acá yo, pensando que quizá es momento de decirle un par de cosas a mi viejo.
Allá vos que leíste todo esto y te agradezco.
Quizá vuelva pronto, pero ya dije, no te prometo nada.

lunes, 17 de octubre de 2011

Les gusta creer que por fumar un cigarrillo son más grandes; por tomar más alcohol, más fuertes. Se creen que dañando gente son más capos y excluyendo, exclusivos. Creen que pueden hacer lo que quieren cuando quieren, y se sienten rebeldes por el solo echo de poder hacerlo. Se piensan transgresores por malgastar su libertad y cuando les pedís una opinión formada de algo no saben ni lo que piensan. 
Qué equivocados están.
Ser grande en la adolescencia es crecer de golpe, y no es lindo. 
Ser fuerte es saber salir adelante cuando ya estás en el fondo y no hay nada que te saque.
Ser rebelde o transgresor es ir al choque, pero para hacerlo es necesario defender tus ideales, tus opiniones.
Pensar es entender, escuchar, dialogar, creer en algo y analizar todo lo otro, lo demás.
Qué equivocados estamos.

domingo, 14 de agosto de 2011

Tengo ganas de tirarme en el pasto, cerrar los ojos y fumar un cigarrillo. Escuchar el sonido del viento, olvidarme de todo y de todos. Que Franco me sostenga la cabeza mientras vuelvo a perderme en mis quilombos  y me prometa que va a estar ahí. Le voy a responder que ya lo sé y voy a reparar en el sol acariciándome la cara.
Voy a pensar en las ganas de tener un hermano; de irme lejos, de volver; de gritar; de quererlo; de saber, de entender. Voy a gritar, voy a abrazarlo y le voy a pedir que no nos movamos nunca más. Y, con un poco de suerte, quizás no volvamos a movernos nunca.

viernes, 1 de julio de 2011

—Qué lindo cantás.
—No me escribas la pared...
—Sólo quiero estar entre tu piel. 
—Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aquí...
—No vería la razón en seguir viviendo sin tu amor.
—Ya lo sabía.
—La cagaste.
—Estaba pensando...
—No.
—Si no te dije nada.
—Ya sé por dónde va la cosa y no. ¿Está mejor tu hermana? 
—Por suerte sí. Necesito que hablemos.
—No, ahora no.
—Por favor.
—No quiero hablar, ¿vos querés pelear de nuevo? Porque te recuerdo que sos mi mejor amigo y parecemos perro y gato. 
—¿Pero entendés cómo es lo que no te digo?
—Siempre entiendo lo que no decís.
—Te hablo en serio.
—Sí. 
—Pero...
—Nos hace mal, por eso.
—Te amo.
—Yo también.
—No queda más que viento.
—No queda más que viento. 
....
—Fran...
—¿Qué?
—¿Qué hacemos con las palabras que no decimos?
—Las acumulamos.
—Eso cree Gerard, ¿pero qué cree Frank? 
—¿Frank sos vos?
—Algo así.
—Frank cree que las palabras que no dice no las dice para protegerse, porque tiene miedo. Porque Frank es miedoso, siempre fue miedoso. Pero no le da importancia, no se detiene a pensar qué hace después con eso, aunque sabe que el tiempo no cura las heridas. Él hace las cosas porque están bien y porque tienen que ser así.
—¿Y Gerard?
—¿Y Gerard qué? Me parece que lo conocés lo suficiente como para entender su punto de vista en esto.
—Sos rápido.
—¿Qué?
—Que pensás rápido, eso.
—Me pediste ayuda y te ayudé, nada más. Es sólo la construcción de dos personajes...

¿A dónde van las palabras que no decimos?

lunes, 2 de mayo de 2011

Hoy voy a hablar de mí. Sí, re divertido.
Este es el resumen de mis últimos meses: últimamente tengo muchos kilombos en la cabeza y siento que no tengo tiempo ni para respirar, cuando en realidad sí lo tengo pero no sé administrarlo. Con la constancia que me caracteriza, dejé salsa y por lo tanto a mi "novio"; dejé fotografía en el San Martín y ahora empiezo en el colegio que me queda más cerca y más cómodo. Hablé cosas que jamás hubiese pensado contar, me arreglé con Franco y de a poco estamos reconstruyendo esa amistad que teníamos. Volví a ver a mis hermanos y, por lo tanto, a la mujer de mi viejo. No leí y escribí bastante poco. Intenté mil veces terminar Razones pero parece que ahora estoy sufriendo el bloqueo que no tuve en los 34 capítulos anteriores. No, no me olvidé, y leí los reclamos que me dejaron. Voy a terminar lo más rápido posible.
Conseguí mis tan añorados auriculares grandotes o mis 'shut the fuck ups' como me enseñó Frank que les dice Gerard. Compré el libro con mi cuento. Dos, unos para dejar en casa y el otro para regalarle a mi abuelo.
La muerte me pasó cerca y me puse triste. Me prometí a mí misma peinarme todos los días y aceptar, de una vez por todas, mi asqueroso pelo lacio. Me duró tres días como mucho. Ahora me peino más seguido y estoy amigada con mi pelo, pero peinarme me da taaaaaaaaaaaaaaaaanta paja.
Decidí que me voy a comprar la campera de My Chem así que tengo que pedirle a mamá que me preste la tarjeta.
Saqué muchas fotos y mejoré un poco más. Mi vieja dice que estoy escribiendo lindo y mejor—no sé de dónde lo saca. Mi viejo sigue igual que siempre, le cuento mis notas y me dice un seco e insensible "muy bien" como si yo tuviera la obligación de cumplir con las expectativas que el tiene para mí. Mi abuelo me invitó a Usuhaia en Invierno y Franco me dijo que vaya conveciendo a mamá para hacer un viaje juntos en verano a lo que mi mamá, seguramente, se va a negar. Lástima, hubiese sido lindo y a mí me hubiera ayudado bastante.
Me compré otro póster de MCR y ahora me quiero cambiar los piercings, pero eso lo tengo que ver. Necesito más plata y mi prioridad por ahora es la campera de PP.
De a poco algunas cosas vuelven a su lugar, otras se acomodan y algunas se me van de las manos, pero con todo no puedo.Yo siempre me dije "una cosa por vez".

lunes, 18 de abril de 2011

La ventana del techo

Mamá me pidió que cerrara la ventana de arriba, la que está en el techo, antes de irme a dormir. Subí las escaleras con mi compu, el cargador, el iPod y dos pares de auriculares. Tiré todo sobre mi cama excepto el iPod con el que estaba escuchando Good Charlotte, me saqué la zapatillas y fui al otro entrepiso para hacer lo que me había pedido. Tenía que cerrar la ventana y la cortina, pero sólo llegué a hacer lo primero. Entonces, me quedé mirando para arriba. Es una noche hermosa, no hay una nube y la luna se ve perfecta (al menos desde la ventana de mi techo. Y miré una estrella, no era de las más grandes, pero me llamó la atención porque titilaba. Me quedé mirando, mirando, y pensé en Richie. Nada que ver con nada, pero a mí se me dio por pensar en él. Me pregunté qué hubiese sido tan grave, lo sentí como si en realidad la relación hubiese trascendido esa de alumno-profesor. Y en realidad no lo hizo, pero creo que esta es la primera vez que la muerte me pasa "cerca" y todavía estoy shockeada. Es la muerte, es el fin, se acabó. Entonces, entendí ese finito que tanto se lee en los libros. Se me llenaron los ojos de lágrimas y mirando las estrellas mientras sonaba Mi caramelo de la Bersuit, me mordí los labios para no hacer ruido y que mi vieja me escuchase llorar. Pensé en mi papá, que a pesar de la relación que tenemos necesitaba darle un abrazo y decirle que lo quiero; en mis abuelos, que seguramente son a los que menos tiempo les queda; en mi tío, en mis primos, en mí. Pero lo que más me ocupó la cabeza fue lo que me dijo mamá el otro día, eso de que planeaba irse a vivir al sur en unos 6 o 7 años. Yo me hice la fuerte, como una tarada, y le dije que me parecía bien. Me dijo que le dolía dejarme acá y yo le dije que no sea maricona, que podía ir a visitarla siempre que quisiese. Y me pregunté qué sería de mí sin ella. Porque nos hacemos las independientes, las dos, y bien sabemos el vacío que vamos a tener cuando no nos tengamos la una a la otra para escucharnos sobre cualquier cosa. Estábamos esperando el colectivo, entonces, cuando la abracé. Me parece bien, me parece perfecto; no quiero ni puedo retenerla acá. Es egoísta, es infantil, es en contra de todo lo que siempre habíamos hablado. Ella no se va a convertir en esas madres que dicen "yo lo di todo por vos" y yo no me voy a convertir en la hija dependiente de mamá. Igual sigue siendo raro, y no por eso me va a doler menos. Además, falta tiempo.
Pero no terminé ahí, seguí pensando. Mientras me ponía el pijama y seguía llorando, pensé en que me cansé de ocultar ciertas cosas. Ya no doy más y ya no quiero más, además en algún momento lo iba a tener que decir. No es fácil, quizá por eso no lo hablé antes con personas que lo debería haber hablado. Con Basile, por ejemplo. Esto quizá me cueste amigos, quizá no; pero si me cuesta algún amigo, voy a saber que en realidad esa persona no valía la pena. Mi mamá está enamorada, está enamorada y es muy feliz. Y aunque yo sienta que esta aclaración está demás, porque este tipo de aclaraciones no deberían suceder en una sociedad igualitaria, mi mamá está enamorada y en pareja con una mujer. Mi mamá no es una enferma, no es una loca, no es una desviada, no lo hace para llamar la atención, tampoco. Ella se enamoró de una persona, ¿y qué carajo importa si es hombre o mujer? ¿Tiene menos derecho por eso? No.
Quizá se pregunten por qué no lo conté antes, o por qué no se lo dije a gente con la que sí tenía la confianza como para contarlo: yo no me avergüenzo de la condición sexual de mi mamá, al contrario, estoy muy orgullosa de ella y de que parejas como la suya hoy se puedan casar en mi país; no lo conté por miedo a la reacción de los demás, porque había determinada gente que no quería perder. Ahora, la verdad, ya no me importa. Si me van a dejar de lado como si tuviese una enfermedad por algo que además es ajeno a mi persona, la verdad, se pueden ir bien al carajo y lo digo con cariño :)
Estoy dispuesta a hablar con cualquier persona del tema, parece que de pronto se fueron todos mis miedos al carajo. Quizá es porque en cualquier momento voy a tener un hermano y no quiero que crezca escuchándome decir que Pato es la amiga de mi mamá porque la verdad, no lo es. Quizá sea porque yo lo necesitaba, no sé.
Creo que muchísimo más calmada que antes, con el llanto controlado y Desert Song sonando, me voy a dormir.

Richie, ojalá estés bien ahora.

martes, 5 de abril de 2011

Ese defecto

Tengo un cuaderno lleno de palabras en lápiz negro esperándome en la cama y un par de lágrimas haciendo fuerza para salir, pero todo está estático. Es... nada, en realidad no es nada. Pero el lápiz negro es el claro reflejo de mi inseguridad a la hora de escribir y las lágrimas, el inminente aviso de que se viene el colapso. ¿Por qué? Por no exteriorizar las cosas cuando pasan. Me vas a escuchar hablar mucho, sí. Puedo llegar a decir cientos de cosas, a emitir mil opiniones, a dar millones de consejos, pero nunca (o casi nunca) me vas a escuchar hablar de mí o lo que siento. Ese es uno de mis más grandes defectos, creo.     
Entonces, permítanme citar a Charly: "Y yo te digo eh!
bancate ese defecto,
aunque te arrgles las gomas, nena,
seguirás siendo rara."  

No me voy a llenar la boca de palabras vacías; hoy no tengo mucho más para decir.

domingo, 27 de febrero de 2011



Pensaba en mi pelea con ella. "Pelea", porque en realidad yo nunca quise pelear. No voy a decir un nombre, quizá no quiere que escriba sobre ella y no tengo ganas de seguir embarrando la cancha. De todos modos le voy a pasar el link de esto para que si quiere pueda leerlo. En Facebook todo es puterío y si se lo pongo ahí, voy a darle de comer a gente que no tendría por qué meterse.
Supongo que más allá de que no vaya a dar un nombre las personas que pueden llegar a leer esto saben—desde que leyeron la primera oración—a quién me estoy refiriendo. Yo ya no sé qué más hacer ni qué más decir, no sé qué la hiere y qué no. Antes que nada, ella sigue siendo mi mejor amiga más allá de lo que pueda pensar o sentir ahora sobre mí. Pero voy a dejar de dirigirme a un X lector de este pobre blog para hablarle directamente a ella, para decir cosas que creo que ya le dije pero necesito recalcar:
Vos sos mi mejor amiga, VOS. Nada ni nadie va a ocupar ese lugar, menos un aparato de mierda que si no lo tuviese mi vida hubiese seguido su rumbo igual. Probablemente no tendría ciertas características que ahora sí, pero yo seguiría siendo Ana.
Y "esto" en lo que me convertí—que vos ves como una adicta y yo no—es temporal, creo que ese punto no quedó claro. A ver, digamos que el punto de la adicción es un poco exagerado, admitilo; y no te estoy pidiendo que cedas todo, sólo ese punto. I mean, yo estoy acá porque vivo al pedo, pero no vivo para estar acá. ¿Se entiende la diferencia? Pero vamos a dejar de lado un poco eso de las adicciones, porque a mí me genera frustración y a vos, al parecer, enojo. Eso podemos hablarlo en cualquier otro momento, cuando las cosas están más calmas, quizá hasta en otro "tono".
El punto acá es la discusión y el abismo que hay entre esa amistad que teníamos y lo de ahora, que ni siquiera sé cómo nombrarlo. ¿En cuánto? ¿Dos semanas? Se fue todo al carajo. Entonces, agachando un poco la cabeza y dejando de lado ese orgullo de mierda que muchas veces tengo, te pido perdón. No por lo que hice, porque de última es algo que me hice a mí y como te dije el otro día no tenés por qué hacerte cargo; te pido perdón por ese daño que sin saber te causé y esa "inutilidad" que te hice sentir. Más allá de eso, que vos estés o no de acuerdo con lo que yo hago con mi vida, es otra cosa. Respeto tu opinión y la tomo en cuenta, pero lo que hago yo con eso después es cosa mía. No por eso tenemos que discutir, no por eso tenemos que distanciarnos como lo hicimos. A ver, estoy intentando ser clara pero creo que hasta yo me mareo. A lo que voy: yo, en mi relación con vos, estoy dispuesta a ceder cualquier cosa con tal de recuperar esa amitad (y creo que te lo dije por msn), pero no voy a cambiar mi vida por eso, ¿sí? De todos modos, repito, esto es algo temporal y una forma de distraerme un poco durante el verano.
La concha de la lora, temo no estar siendo lo suficientemente clara. Me pasa seguido con todo lo que escribo. Amiga, lo más importante de todo esto es que quiero que sepas que más allá de que—lamentablemente—nuestra relación parece haber cambiado, lo que yo siento por vos no cambió. Todas esas cosas que te dije miles de veces, en Facebook, en cartas, en papeles boludos durante las clases, en persona, no cambió ni va a cambiar jamás. Incluso si te olvidaste, si todas esas cosas se perdieran, se borraran, hay algo escrito acá que te dediqué y que no pienso borrar. Si sentís que algo cambió, volvé a leer eso.... para mí todo sigue siendo igual. Y... ay, la puta madre, estoy llorando. No quería llorar, pero últimamente estoy un toque sensible. Quizá será que me hacen falta tus boludeces, los comentarios graciosos en cualquier momento, la sonrisa incluso cuando las cosas están mal.
Te amo con el alma y espero que tomes esto como las "disculpas" que son.
Gracias por todo lo que pasamos.
Y aunque a veces no lo parezca, recordá siempreque vos sos mi mejor amiga.

Espero que todavía te acuerdes lo que signifca.

viernes, 4 de febrero de 2011

Entrada emo

Me acuerdo la vez que mi profe me dijo que escribir era como hacer el amor, como tener un orgasmo. Sonriendo alzó la vista quizá tan incómodo como yo, pero con aquella forma directa que lo caracteriza y dijo: "Porque cuando uno hace el amor necesita una pausa, un momento. Las ganas están saciadas, escribir es lo mismo".
Exigirse es desgastarse, supongo. Escribir con un determinado plazo pesando sobre tus hombros no es fácil. Porque sí, podría escribir cientos de palabras vacías, ¿pero para qué hacerlo si no tienen significado alguno?
Supongo que con nostalgia puedo decir que tuve un orgasmo y que, hasta que no pase ese momento "posterior" no voy a recuperar mis palabras.
Quizá debería probar con—como dice mi recientemente adquirida hermanita menor—"uno de mis martes 13". Perhaps sea eso, que me estoy exigiendo escribir algo que ni siquiera yo me acuerdo como se siente. De todos modos voy a probar de nuevo. Tal vez mañana de pueda escribir sobre ese pasado que no duele pero molesta, sobre esa herida que se cierra parcialmente pero que en cuanto la recuerdo vuelve a sangrar.
Chau, me voy a seguir llorando con Desert Song (etapa que pensé que había pasado pero al parecer no).
PD: ¿Cuánto me duró la felicidad? Escasos meses.

martes, 25 de enero de 2011

Descripción

Si me pidieran que describiera mi personalidad, primero vacilaría. Una impresión, una idealización de la otra persona, creo yo, debe hacérsela uno mismo. Pero supongamos que por una de esas casualidades me agarran fuera de mis idealismos raros y, entendiendo que no hay nadie más ideal para definirse que uno mismo, vacilo unos segundos pero termino accediendo al pedido. Entonces, escuchando "So far away" que inevitablemente me hace acordar a él, diría de mí:
Soy Ana. Bah, eso no tiene significado para vos, pero para mí es lo que soy. Me considero mediocre a pesar de las muchas veces que me dijeron que no lo soy. No le sé mentir a la gente que quiero y me importa, no puedo. Lo que hago nunca lo puedo considerar bueno o lo suficientemente bueno, no interesa cuántas veces intentes convencerme. Cuando hay que hacer algo en grupo necesito participar; si se va a relacionar mi nombre necesito saber que sí formé parte de eso. En cuanto al colegio se refiere tengo la fucking costumbre de creer que "si lo hubiese hecho yo, estaría mejor". No es un tema de superioridad porque no me creo superior a nadie, pienso que esa creencia nace a partir de que "si lo hubiese hecho yo, las cosas estarían hechas a mi modo". No creo en Dios. Creo que hay algo más allá... ¿Allá dónde? No sé, confío en que hay algo más grande que nos mueve. Probablemente el amor, pero no ese amor que la iglesia católica rotula como "Dios". No sé como explicarlo tampoco, quizá algún día le dedique un post exclusivamente a eso.
Soy sumamente celosa. MUY celosa. Soy hermana, soy hija, soy amiga, soy nieta, soy sobrina, pero sobre todo soy yo. Soy pro gay, creo que cada uno tiene el derecho de elegir lo que quiera y que los demás no somos nadie para juzgar; al fin y al cabo siempre seguimos siendo las mismas personas. Los homofóbicos me resultan despreciables, entre ellos están incluidos mis abuelos. Y considero MUY ignorantes a la personas que cuando escuchan esas cosas se creen que sos lesbiana.
Amo escribir, amo leer, amo formar parte de un personaje al nivel de reír o llorar con éste; ya sea escribiéndolo o leyéndolo. Soy My Chemical Romance; fui Bullets, fui Revenge, fui Parade y soy Killjoy. Fui lo que los demás querían que fuera y fui yo misma. Soy la que odia los deportes y la que ama el arte. Soy la que no puede vivir sin música. La de carácter fuerte, la que es fiel a sus ideales, la que pasaría horas acompañada de su cuaderno y una lapicera. La loca que hace terapia, la pobre hija de padres separados, la estúpida que se deja pasar por encima y hace la vista a un costado. Ésa soy yo irónica.
Soy la que piensa lo que piensa por que lo creo yo, no porque mis viejos opinen lo mismo. Ésa que sabe reconocer los defectos de sus padres, que entiende que ser iguales a ellos no siempre es ideal. Nunca me vas a escuchar decir "mi mamá/papá dice que...", yo soy: "yo creo...", "yo pienso...", "yo siento...". De ahí a que eso sea lo que opinan mis papás es otra cosa.
Me molesta la gente que no sabe admitir sus carencias, y yo me las admito por demás. Soy a la que le dicen que es buena persona y todavía no puede creerlo. Ésta soy, la que a los quince años prefiere pasarse la noche en su casa—escribiendo, por ejemplo—antes que ir a un boliche, ponerse en pedo y tener, al otro día, una anécdota para contar sobre lo bueno que estaba el flaco que te comiste. Si por eso merezco el "antisocial", también seré "antisocial" entonces.
Soy la que marca continuamente los defectos de su papá y a la que siempre le dicen: "pobre, no hables así de él"; la diferencia es que yo sé notarlos y no tomo lo que él hace como si todo estuviese bien por el simple echo de que es mi papá.
Soy mi cámara, las fotos, mi iPod. Los libros, la pila de cuadernos que tengo escritos con diferentes historias. Soy mis personajes y ellos son yo, soy sus decisiones y ellos son las mías. Soy mi historia, soy mis decisiones, soy mi forma de pensar. Soy adicta al café y a los chicles. Amo el olor a lluvia, la lluvia, el frío. Y probablemente también sea mi mejor amiga y sus jodas, nuestras risas y nuestras conversaciones serias.
Soy la perfeccionista a pesar de mi imperfección, la obsesionada, la detallista, la minuciosa, la paciente, la demente, la solidaria, la... Soy la inteligente—dicen—pero esas cosas no hay que creerlas. Soy tantas cosas que ya ni sé qué soy. Por eso lo resumo en: soy Ana.

viernes, 21 de enero de 2011

Para atrás

Siempre que me detengo un minuto para mirar hacia atrás, lo que veo sólo es mierda. "Mirá qué pendeja que era", "las boludeces que decía", "mirá lo que hice", "era re tarada". (Bueno, lo de tarada lo sigo siendo pero eso lo pueden ignorar). Por alguna razón desconocida no puedo ver con buena cara cómo actué y/o decidí en el pasado. Es normal, a todos le pasa. Pero deteniéndome a pensar un minuto... ¿no es gracias a eso que soy quien soy ahora? ¿no es gracias a eso que maduré y aprendí tal cosa? No sé, ni siquiera lo que escribía me resulta bueno.