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miércoles, 13 de junio de 2012

La soledad

—A veces me siento sola—confesó despacio, muy nerviosa, con las manos transpiradas—. Me siento sola y no hay nadie.
—Me tenés a mí.
—Es diferente, vos no llenás ese tipo de soledad. Ese en el que necesitás alguien que te acaricie el pelo y te dé un abrazo, te invite un café y se quede en silencio, te lea un libro cualquiera y pienses que es el mejor del mundo porque sale de sus labios, te agarre la mano y se te erice la piel. Ya no llenás ese tipo de soledad y no hay nadie. Me siento sola y me ahogo en mi propio abismo; sola, lenta y dolorosamente.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Retazos de un monólogo.

Cerraste los ojos cuando dijiste que te quería mucho y bajaste la cabeza. Bien sabés que a nosotros, los intentos de escritores, nos fascina contemplar detenidamente cada uno de los gestos de cada persona. Ayuda mucho para los personajes. Uf, los tuyos ya me los sé de memoria. Cuando estás nervioso apretujás las manos; cuando estás enojado te rascás la oreja y bajás el labio, es un gesto raro, no sabría explicártelo. Pero cuando bajás la cabeza es porque estás aceptando algo con resignación y me podría triste saber que te volviste una persona resignada. Eso es de mediocre. No te quiero así.
No, no siempre ando queriendo cambiarte, no mientas. Te acepto como sos, al fin y al cabo es así cómo te conocí. Pero no quiero que nuestra amistad se convierta en esta corriente monótona y aburrida del último tiempo. Éramos felices, ¿te acordás? Y ya sé, ahora me vas a saltar con todo el rollo ese de que crecimos y maduramos, pero en el fondo somos dos pendejos. Porque yo disfruto de ser la nena que sólo puedo ser con vos, de jugar como si fueses mi hermano, de alejar todos los otros problemas por un rato para mirarnos y sentir que sería lo mismo si nos sentáramos a jugar con la pista de carreras. Y sé que en el fondo te sentís así también. Dejemos de crecer, dejemos de llenarnos de responsabilidades, frenemos el carro por un rato y juguemos una carrera a ver quién gana. Revisemos cajones, arruinemos recetas, sonríamos sin pesar que todo  es cada vez más conflictivo. Querámonos como cuando teníamos cinco años, abracémonos como el día que volviste de Estados Unidos y juraste que no te ibas de nuevo. Tomemos Ibupirac a escondidas o vino fingiendo que es Coca. Pongamos cara de asco, tentémonos de la risa. Es así como te quiero.

lunes, 11 de abril de 2011

Él

Siempre que me empieza a hablar en inglés, sé que viene la tormenta. Dijo que estaba harto y tiene todo el derecho. Quizá lo que más me molesta a mí es la rapidez con que cambian las cosas y se van a la mierda. Ahora no me atiende el celular. La sensación es rara, porque siempre es él el que llama e insiste cuando me enojo. Sé perfectamente cómo lidiar con la tormenta, pero no tengo fuerza. Necesitaba un abrazo, como dije, o una palabra linda, y como para variar, discutimos. Encima siempre salen del baúl cosas que no nos hace bien recordar a ninguno de los dos. Pero bueno, era esperable, las cosas venían llamativamente bien. Qué triste y resignado suena el "pero bueno", hoy todo fue "pero bueno". Cada vez me vuelvo más mediocre, triste, triste.  
Después de decirme que si las cosas fuesen diferentes probablemente no hubiera hecho ciertas cosas, me cortó. Antes me dijo que era la misma pendeja de la que se había enamorado años atrás, pero que estaba mal que me hubiese estancado así. Que las personas cambian y maduran, dijo, y yo asentí, sumisa, resignando mi verdad por la suya que parecía ser la única que importaba. Porque siempre su palabra tuvo mucho peso para mí; cuando fue mala y cuando fue buena.
Wait, me atendió. Perdoname, dijo.

martes, 5 de abril de 2011

Ese defecto

Tengo un cuaderno lleno de palabras en lápiz negro esperándome en la cama y un par de lágrimas haciendo fuerza para salir, pero todo está estático. Es... nada, en realidad no es nada. Pero el lápiz negro es el claro reflejo de mi inseguridad a la hora de escribir y las lágrimas, el inminente aviso de que se viene el colapso. ¿Por qué? Por no exteriorizar las cosas cuando pasan. Me vas a escuchar hablar mucho, sí. Puedo llegar a decir cientos de cosas, a emitir mil opiniones, a dar millones de consejos, pero nunca (o casi nunca) me vas a escuchar hablar de mí o lo que siento. Ese es uno de mis más grandes defectos, creo.     
Entonces, permítanme citar a Charly: "Y yo te digo eh!
bancate ese defecto,
aunque te arrgles las gomas, nena,
seguirás siendo rara."  

No me voy a llenar la boca de palabras vacías; hoy no tengo mucho más para decir.

viernes, 1 de abril de 2011

Eu... ¿Qué? Que... Sh, pará un toque. Bueno. ... ¿Listo? ¿Qué pasó? Nada, nada. ¿Te puedo hacer una pregunta? Dale. ¿Por qué ponés las conversaciones en el blog? Porque me das mucha ternura, mucha. Pero es una mierda que hagas eso, a mí me aburre. Hacé entradas con contenido... Los que lo leen me conocen. No pueden exigirme mucho, soy mediocre, you know what I mean. Callate, sabés que odio que digas eso. Bueno, no lo digo. Pero no lo pienses tampoco. Lo que me faltaba, que me controles el pensamiento. Soy el mayor, si no lo hago yo... ¿quién lo hace? ... Estoy sensible. ¿Te vino? No, no es por eso. ¿No te vino? ¿Cogiste? ¿Te cuidaste? Ay, Franco, por favor, me conocés. Sí, ya sé, 'no sex yet'. Odio que seas grande y hagas esos comentarios, me indisponen el carácter. Te amo, ¿sabés? Sí. .... Escuchame, ¿me pasás a buscar por el cole un día de estos? No. Qué malo, gracias. Estoy sin auto. Fuck. Sí, lo mismo pensé. Mmm... ¿Qué? Nada, Los Simpsons. Homero, eso. Anoche pensaba que... ¿Qué? Que no nos vamos a casar, te lo iba a pedir pero vos no querés casarte nunca. Podemos tener un hijo, ¿querés? Digo, no voy a ser tan buen padre como Frank pero me defiendo. Amo que respetes esas flasheadas mías. Y tampoco sé si voy a ser tan bueno en la cama como Gerard en Raz... ¿¡LO LEÍSTE!? Alto ahí, no te espantes. ¿Qué tiene de malo? Yo siempre te apoyé con esas cosas. .... Sí, ya sé que no te gusta que te lean las cosas amor, pero nos conocemos desde chiquitos y no hay nada ahí que me espante. Es más... No hables. ¿Qué? Te amo, eso. Yo también, mucho. El sábado empiezo el taller...
¿De fotografía? Sos igual a Dory... No, boludo, no. El de fotografía lo empecé hace como un mes, el literario, ese. Después me vas a dedicar muchos cuentos, tu primer libro, los personajes los vas a hacer pensando en mí... Me asquéas. ¿Qué dijiste? Ese ego... Pfffffffff, me exaspera. Voy a morir así, lo tomás o lo dejás. Lo dejo. Hace tiempo que lo dejé, ¿no? Lo dejamos. Sí, bueno, eso. Todo termina siempre en el mismo puerto. Es cosa tuya. Sí, un poco. Odio esto. ¿Esto qué? Nada, que hablemos así, como si fuésemos... no sé, dos adultos. Somos adultos. Vos, yo todavía estoy en la secundaria. ¿Y eso qué? Siempre te gustó alardearme lo madura que eras. Primera señal de que no lo era, esas cosas no se dicen. Callate, te venís a hacer la modesta... Vos y yo sabemos que lo sos. Cagate, me hacés sentir una vieja. ¿Quién fue siempre la mente pensante de nosotros dos? Vos.


Me molesta, me exaspera que la similitud llegue a tal punto que pensemos lo mismo el uno del otro.

domingo, 27 de febrero de 2011



Pensaba en mi pelea con ella. "Pelea", porque en realidad yo nunca quise pelear. No voy a decir un nombre, quizá no quiere que escriba sobre ella y no tengo ganas de seguir embarrando la cancha. De todos modos le voy a pasar el link de esto para que si quiere pueda leerlo. En Facebook todo es puterío y si se lo pongo ahí, voy a darle de comer a gente que no tendría por qué meterse.
Supongo que más allá de que no vaya a dar un nombre las personas que pueden llegar a leer esto saben—desde que leyeron la primera oración—a quién me estoy refiriendo. Yo ya no sé qué más hacer ni qué más decir, no sé qué la hiere y qué no. Antes que nada, ella sigue siendo mi mejor amiga más allá de lo que pueda pensar o sentir ahora sobre mí. Pero voy a dejar de dirigirme a un X lector de este pobre blog para hablarle directamente a ella, para decir cosas que creo que ya le dije pero necesito recalcar:
Vos sos mi mejor amiga, VOS. Nada ni nadie va a ocupar ese lugar, menos un aparato de mierda que si no lo tuviese mi vida hubiese seguido su rumbo igual. Probablemente no tendría ciertas características que ahora sí, pero yo seguiría siendo Ana.
Y "esto" en lo que me convertí—que vos ves como una adicta y yo no—es temporal, creo que ese punto no quedó claro. A ver, digamos que el punto de la adicción es un poco exagerado, admitilo; y no te estoy pidiendo que cedas todo, sólo ese punto. I mean, yo estoy acá porque vivo al pedo, pero no vivo para estar acá. ¿Se entiende la diferencia? Pero vamos a dejar de lado un poco eso de las adicciones, porque a mí me genera frustración y a vos, al parecer, enojo. Eso podemos hablarlo en cualquier otro momento, cuando las cosas están más calmas, quizá hasta en otro "tono".
El punto acá es la discusión y el abismo que hay entre esa amistad que teníamos y lo de ahora, que ni siquiera sé cómo nombrarlo. ¿En cuánto? ¿Dos semanas? Se fue todo al carajo. Entonces, agachando un poco la cabeza y dejando de lado ese orgullo de mierda que muchas veces tengo, te pido perdón. No por lo que hice, porque de última es algo que me hice a mí y como te dije el otro día no tenés por qué hacerte cargo; te pido perdón por ese daño que sin saber te causé y esa "inutilidad" que te hice sentir. Más allá de eso, que vos estés o no de acuerdo con lo que yo hago con mi vida, es otra cosa. Respeto tu opinión y la tomo en cuenta, pero lo que hago yo con eso después es cosa mía. No por eso tenemos que discutir, no por eso tenemos que distanciarnos como lo hicimos. A ver, estoy intentando ser clara pero creo que hasta yo me mareo. A lo que voy: yo, en mi relación con vos, estoy dispuesta a ceder cualquier cosa con tal de recuperar esa amitad (y creo que te lo dije por msn), pero no voy a cambiar mi vida por eso, ¿sí? De todos modos, repito, esto es algo temporal y una forma de distraerme un poco durante el verano.
La concha de la lora, temo no estar siendo lo suficientemente clara. Me pasa seguido con todo lo que escribo. Amiga, lo más importante de todo esto es que quiero que sepas que más allá de que—lamentablemente—nuestra relación parece haber cambiado, lo que yo siento por vos no cambió. Todas esas cosas que te dije miles de veces, en Facebook, en cartas, en papeles boludos durante las clases, en persona, no cambió ni va a cambiar jamás. Incluso si te olvidaste, si todas esas cosas se perdieran, se borraran, hay algo escrito acá que te dediqué y que no pienso borrar. Si sentís que algo cambió, volvé a leer eso.... para mí todo sigue siendo igual. Y... ay, la puta madre, estoy llorando. No quería llorar, pero últimamente estoy un toque sensible. Quizá será que me hacen falta tus boludeces, los comentarios graciosos en cualquier momento, la sonrisa incluso cuando las cosas están mal.
Te amo con el alma y espero que tomes esto como las "disculpas" que son.
Gracias por todo lo que pasamos.
Y aunque a veces no lo parezca, recordá siempreque vos sos mi mejor amiga.

Espero que todavía te acuerdes lo que signifca.

lunes, 21 de febrero de 2011

Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que desde hace siglos con la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué. Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad que aprendí hace años, en un teatro de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin embargo, los actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta. Hicieron su tarea entregándose enteros, con todo, con alma y vida; y fue una maravilla. Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

La dignidad del arte.
Eduardo Galeano

Cada que siento que lo que escribo ya no funciona, que ya nadie lo lee, me acuerdo de ese pequeño parráfo. Me pasó con Razones, por eso seguí. Incluso cuando tengas dos espectadores, tenés que dar lo mejor de vos.

martes, 15 de febrero de 2011

Suena el "ti" tres veces en el oído derecho; en el izquierdo, "Duda" de Las pastillas del abuelo. Cuando pensé que ya no iba a atender y lo mal que hice en llamarlo, escuché su voz ronca y adormilada.
—¿Mmmm? Hola
—Te desperté.
—Naturalmente, son las tres y pico...
—Esos adverbios, Franco, dios mío—risas por parte de ambos—. ¿Cómo estás?
—No llores.
—¿Cómo estás?
—¿Eu, por qué estás así?
—¿Así cómo? Estoy perfecta.
—¿En serio? ¿Por eso me llamás a esta hora de un... técnicamente miércoles, cuando se supone que discutimos y no ibas a volver a hablarme?
—Sí.
—Te tiembla la voz y estás moqueando, basta.
—Basta vos, no te metas en mi vida.
—No me llames.
—Te necesito.
—Largalo.
—Nada, un par de cosas sin interés.
—Si vos decís...
—Quería decirte algo.
—Decime, pequeña.
—No me digas así.
—¿Por qué no?
—Porque así me decías cuando éram...
—Te sigo.
—Vi las fotos—carcajada, bufido frustrado—. No te rías, pelotudo.
—¡Estás celosa!
—No te importa.
—Voy a hablar de eso con vos.
—Sí, y yo con Ana.
—Para eso le pagás.
—Entre otras cosas.
—Para hablar de mí.
—¿Fran?
—¿Qué?
—¿Vos pensás que mi excesivo uso de la computadora...?
—No.
—Ni siquiera sabés lo que iba a decir.
—¿Marina?
—Marina.
—Entonces no, ya te lo dije eso. Es normal, yo a tu edad... ¿te acordás de mí y de Nacho?
—"A tu edad", ni que fueses tan viejo.
—Me gusta hacerme el viejito con vos. ¿Te acordás cuando eras chiquita y te quedabas con mi hermana? Yo solía insistirte para que vinieras a jugar a los autos conmigo.
—Y siempre terminábamos con los tazos de Pokémon.
—Eras la mejor boludita de todas.
—Vivíamos peleando, era divertidísimo. Quisiera volver a tener esa edad.
—¿Para qué? ¿Para volver a jugar a los tazos y discutir conmigo?
—No, para volver a despreocuparme de muchas cosas, para pasar esos hermosos fines de semana que pasábamos allá con mi viejo y los tuyos, para revivir esos "año nuevo" en los que me decías cagona por no querer usar las estrellitas. Qué sé yo, incluso nuestra amistad sería diferente si retrocediéramos un poco.
—Está bien que sea diferente, las personas cambian.
—Pero vos y yo no, mi amor. Me lo prometiste, ¿te acordás? Ese día que la casita de madera, cuando nos saltaron todos esos sapos encima.
—Me acuerdo de tu cara de terror y de tu viejo y mi vieja con la escoba intentando espantarlos.
—Sí, yo también. Pero ahí me dijiste que siempre íbamos a ser amigos, que nada iba a cambiar. Tengo un papel firmado por vos que lo promete.
—Euuuuuuuuu, no llores otra vez.
—Pero es que...
—Nada, boluda, yo te quiero tanto e igual que siempre.
—Eso está mal dicho.
—Ya sé.
—No, no sabías.
—Sh, callate.
—Bueno.
—¿Puedo seguir durmiendo?
—Por supuesto.
—Te amo.
—¿Puedo llamarte en dos horas?
—Si me necesitás... ¿Cuánto te cobra Ana? Voy a empezar a cobrarte la mitad...
—Callate, pene. Mi papá no va a pagarte un centavo, no te puede ver desde...
—Si supiera.
—Si supiera.
—¿Vas a domir?
—Yo no duermo.
—Cierto. Deberías empezar a empastillarte, un Rivotril no te haría nada mal.
—No, pero esa no es la solución. Volvamos a cuando éramos chiquitos, no puedo creer que hayamos perdido eso.
—Chau, delirante.
—Gracias por atender.
—Quiero dormir.
—Me encanta como me querés.
—Te amo, te lo digo siempre.
—A ella también, ¿no?
—Sí, pero no igual que a vos.
—Listo, con eso soy feliz. Dormí porque te llamo en dos horas. Adiós.
—Chau, gorda.




I'm not okay, I promise.

(Voy a intentar hacer una entrada con contenido, ya vuelvo.)

jueves, 3 de febrero de 2011

Un día me voy a despertar y voy a darme cuenta que tengo ochenta años. Entonces, espero poder decir que fui feliz.

martes, 1 de febrero de 2011

Llamadas de extraños

Entonces te suena el celular a las 4.30 de la mañana. Después de agradecer haberlo puesto en vibrador y con la voz gangosa, atendés:
—¿Hola?
—Hola.
—¿Boludo, qué hacés llamándome a esta hora?
—¿La verdad? No sé—sonrío—. ¿Te desperté?
—No, sabés que no.
—No puedo dormir.
—Se llama conciencia lo que te lo prohíbe.
—Gorda, por favor, como si pelearme con vos me carcomiera la conciencia. Vivimos peleando, ya me habría muerto si tuviese que hacerme la cabeza cada que discutimos.
—Entonces no me llames.
—Te extraño, puta.
—Me encanta como me querés.
—Me acordé de antes...
—¿De antes?
—Sí, de antes.
—¿Te diste cuenta que nuestra conversación parece la de dos locos?
—Y me acordé cuando estabas mal y yo te prometí que iba a estar siempre, ¿te acordás?
—Franco, boludo, ¿te fumaste algo?
—¿Debería?
—Perhaps. Yo prefiero que no te acuerdes.
—Ya está, ya lo hice. ¿Te acordás cuando nos quedábamos escuchando My Chem? Eso eran terapias de verdad.
—Te extraño.
—Estamos locos.
—Eso es lo que me gusta de vos.
—¿Me perdonás?
—Porque además vos lo admitís, tampoco es que te dure tanto la cosa. Yo no puedo, con vos no. Es faltar a mi orgullo.
—Voy a tomarlo como un: "no puedo vivir sin tu perdón, boludo".
—Tu ego.
—Te encanta, lo sé.
—Me puede, no exageres. En un segundo puedo tirártelo a la mierda y lo sabés.
—Me encanta el tipo de conversaciones que podemos llegar a tener en estos horarios. Me refiero, no estás tan lúcida como a las ocho de la noche y creo que tranquilamente podría ganarte un mano a mano incluso con el desvelo que estoy sufriendo.
—¿Querés probar?
—No, gracias—bufido, silencio incómodo, un "está amaneciendo"—. Creo que ya está. Sólo buscaba que me perdones.
—No lo hice—inevitable sonrisa.
—Sí, sino no hubieses atendido el teléfono.
—Te odio.
—Te amo. Nos vemos el sábado.
—Con todo el cariño que te tengo: ojalá te mueras.
—Si lo hago va a cargar en tu conciencia, te digo que el insomnio no es lindo.
—No soy consciente de nada referido a vos. No conciencia, no cargo.
—¿Las respuestas las pensás con anticipación? Porque eso tiene mucho significado.
—Surgen.
—Te amo, no te olvides. Vampires will never hurt you.
—Si seguís te la canto.
—No, está bien. Chau.
—Adiós, cortá.
—...
—Dale, Franco, cortá.
—Chau.

Gracias, porque en serio no hubiese dormido tranquila peleada con vos. Lo que te extrañé, pendejo ♥

martes, 14 de septiembre de 2010

La sociedad de mierda en la que vivimos

Los días de lluvia hay cosas que me molestan. Bah, todos lo días hay cosas que me molestan, pero ESA en especial, solo aflora los días de lluvia. Te demuestra en el tipo de sociedad que vìvís, en la que no importa nada más que uno mismo. La gente desfila abrigada, con sus pilotos y paragüas, en su mundo, en su mente, en sus problemas. Te ven, te ven caminando con una mochila llena de cosas, caminando sin paragüas, hipermojada, con cara de fastidio. Sí, te ven, pero no les importa. Ellos van con sus paragüas, contra la pared, abajo del techito, para no mojarse, aun teniendo el paragüas de mierda. Es así, son tan mierda que hasta el agua podría patinarles. Todo les patina, todo, todo. No les importa, no les importás, todo se limita a su fucking ombligo, ahí empieza y termina su mundo.
También esta el tarado, el que igual que vos se olvidó el paragüas, el que va de techo en techo para no mojarse y te ve... Sí, te ve distraída, te ve buscando cosas en la mochila y en vez de correrse te habla, para que te corras vos; para que él no se moje; para que, otra vez, lo único que importa es ellos. Y bueno, es la sociedad en que vivimos, hay que aceptarlo supongo.
Por alguna extraña razón siempre me empeño en mostrar lo peor, en quejarme, en dar opiniones morales de una sociedad de la que yo también formo parte. Gracias a Dios (modismo que me quedó a pesar de no ser cristiana) también tenemos cosas buenas. Sí, muchas. Pero prefiero criticar, intentar hacer un cambio, antes que resignarme a lo bueno y hacer la vista gorda a lo demás. Todo tiene luz y oscuridad y, afortunadamente, ambas pueden vivir en paz simúltaneamente.
Pero Fran y yo.... Fran y yo somos la excepción a esta sociedad de mierda.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Gente

Estoy enojada con determinada gente. Digo yo, ¿por qué exigen cosas que ni siquiera ellas cumplen? Digo, ¿de qué se quejan si ellas hacen exactamente lo mismo? Y por último se me ocurre: está perfecto si no te caigo, si te parezco una persona de mierda, si no valgo la pena... lo que sea... ¿pero para qué venís a caretearla? Decís que casi todo el curso es falso, que son petes... ¿para qué querés, entonces, salir con los falsos y los petes? ¿No será que el problema lo tenés vos?
Todo el tiempo mentir, no sé cómo hacen para vivir así. Que me caés bien y la otra es una boluda, pero después esa boluda es la mejor y vos sos una falsa... ¿Te creés que no nos damos cuenta? ¿Creés que nuestro cerebro se limita al tamaño del tuyo? Tenés de tetas lo mismo que de cerebro (NADA). Te creés que somos mejores amigas porque te digo te amo, ¿y es eso una amistad? ¿Y si yo te estuviera careteando, igual que vos a mí? Ya está, ya fue, se cayeron las caretas, ya sabemos quién es quién acá.
Agradezco, en cierto modo, ser esta persona que soy y ser falsa solamente con algunas personas. Porque es lo que te profesan, para ellas eso es una amistad. Yo sé que hay varias personas que lo piensan y no se animan a decírtelo, no sé por qué. ¿Eso es amistad? Bueno, me cansé, acá tenés, esto es lo que pienso.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La mente & yo

¿Es amor? No sé.
¿Se te acelera el corazón? Probablemente...
¿Querés hablarle todo el día? Si lo niego sería estúpido.
¿Te gusta? No.
¿Entonces qué es? No sé.
Pero algo te pasa... Seguro.
¿Entonces? ¿Entonces qué?
¿Entonces te estás enamorando? No, no es amor.
¿No es o no querés que sea amor? No es, no quiero, es lo mismo.
No es lo mismo. Podés no querer y sin embargo ser amor; podés querer y que no sea nada; o puede ser y vos negás quererlo. Yo no niego nada, callate, ya me hartás. No quiero pensar en eso.
¿Por qué no? ¿Te duele? Y si me doliera, ¿qué?
Te duele porque estás enamorada, porque te gusta... ¡Qué no!
¿Se parecen? Muchísimo.
¿Te gusta lo que dice? Amo lo que dice.
Y si llorás es porque te gusta, dale, dejá de negarlo. No, no estoy llorando.
Manzana. Manzana.
Dale. No.
¿Por? Porque no pasa nada.
¿Entonces? ¿Entonces, qué?
¡TE GUSTA! ¡No!
¿Qué no? Estás intensa hoy, ¿eh? Chau.
No te vayas. ¿Por qué?
Porque te está esperando. Estoy cansada.
No importa, te está esperando. Tengo sueño.
¿De lo contrario te quedarías? Sí.
¿Ves? Te gusta, te enamoraste. Estás insoportable.
Bueno, chau. Chau.
¿Te vas? ¿A dónde? No importa, por ahí.
¿A hablarle? A hablarle.
Te enamoraste, no.

Ahora ella está feliz, volvió con el idiota, yo recorro las calles, buscando otra mujer. Y aprendí que mentirse tiene patas muy cortas, que siempre la costumbre va a matar al placer.

martes, 24 de agosto de 2010

Marina



Hola. Estoy en informática. Basile, mi mejor amiga, está al lado diciendo: "dale, me mostrás la pija, digo página". Quiere que le muestre donde escribo mis historias, mis malas historias. Y sí, soy muy mala, maté al protagonista (H. Pero sobre lo que quiero escribir ahora no se sobre eso. Vamos a hablar de Marina.


Marina es mi mejor amiga, la mejor, la amo. Marina tiene una risa muy ruidosa, como la mía. Marina siempre sonríe, excepto cuando está de mal humor. Marina come alfajores Paradise en los recreos, cuando vamos AL poli. Marina dice que me va a hacer un vídeo por mi cumpleaños, que me voy a mear de la risa, que no voy a aguantar. Marina me hizo pensar durante mucho tiempo qué mierda me iba a regalar. Una carta, un alfajor, un chocolate, una rata... muchas cosas pensé. Marina se va de viaje en 45 días, le falta re poco. Marina va a estar allá el día de su cumpleaños y no le voy a poder dar un beso y un abrazo gigante, decirle "feliz quince MARIDA", ni tirarle de las orejas... ni nada. Me voy a tener que conformar con una simple caaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarta en facebook y darle todo eso varios días después. Pero eso no quiere decir que no la ame, porque Marina es la mejor.
Marina vive preguntándome: "estoy bien?" y yo siempre le respondo lo mismo, "sí". A veces le hago un ok con la mano o simplemente le sonrío. A veces me caliento y le grito, y ella se caga de risa.
Marina está trabajando ahora y yo estoy escribiendo estas cosas sin sentido.
Marina se va al "chori", se va de "tema", se va de "molde". Marina sufre de ciático (dice). Marina me alienta para que siga escribiendo, y quiere leer lo que escribo, pero yo no la dejo más que leer esto. Marina ama mi perra, antes creía que la odiaba. Marina pensaba que no me caía bien. Marina ama el chocolate, sobre todo el blanco. Marina me banca en todas, está siempre, incluso cuando lloro y me pongo de mal humor.
Marina quiere que escriba algo sobre mi día (29 de Agosto) y lo voy a hacer, probablemente, porque me lo pidió ella. A Marina le cae bien mi mamá, a veces dudo si le cae mejor ella o yo. Marina se quedó a dormir en casa una vez y fue lo más flashero. Marina suele decir que me ama, pero a veces se enoja y me dice: "me caés mal" o "te odio". Lo dice de caliente nada más, porque yo sé que no lo hace.
Marina probablemente lea esto. Marina probablemente esté en hockey ahora (porque lo empecé en informática y lo termino ahora, en mi casa). Hay tantas cosas que se de Marina, pero si las pongo todas no me alcanzá el post.
Simplemente me gustaría que recordase que la amo sobre todo, que la amo mucho; que puede contar conmigo cuando tenga ganas y cuando no tenga también; que no me gusaría separarme de ella y que si por alguna razón de la vida elegimos distintos caminos, yo voy a estar ahí siempre. Me voy a a acordar de ella, de ella y nuestras boludeces.
Sabes lo mucho que te amo, te lo digo todos los días. No hay más palabras que esas dos, porque eso engloba todo.
Este post es para vos. Perdoná la falta de inspiración, si queres un día te hago uno más sentimental (por tus quince por ejemplo).