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martes, 8 de mayo de 2012

Momento

Mamá tocó la puerta. Cuando le dije "¿qué?", casi al instante, la abrió. Me observó desde ahí, yo tenía los auriculares puestos y estaba sonriendo. Ella sonrió devuelta y me guiñó un ojo.
Una de dos: cree que me encontré un "noviecito" en Internet o piensa que miro porno.
Lo más triste (o lo más lindo) es que, en realidad, estaba escuchando a Fernando Peña.

lunes, 9 de enero de 2012

Objetivos para este apocalíptico 2012

1. Ser como el chico que atiende en el Starbucks de Gorostiaga y Arce.
El miércoles pasado salí de terapia y me suena el celular. Franco, preguntando si lo acompañaba a Starbucks a tomar un café. Tenía que hacer tiempo para esperarlo así que caminé un poco por el Solar de la Abadía y cuando me llamó diciendo que estaba en la puerta, salí. Lo extrañaba. Con su cara de 'estoy en crisis, ayudame', me dio un beso y me agarró de la muñeca, como hace desde que teníamos tres.
Entramos en el paraíso del café, mi paraíso del café. Franco se quedó mirando la cartelera y yo avancé a la caja directo. Claro, no tenía que pensar mucho si siempre pido lo mismo. "Hola, ¿cómo estás?". Su sonrisa y esa pregunta simple pero en apariencia sincera que desprendían sus labios eran como la amabilidad en un gesto. No podés estar tan alegre, pibe; pensé. Franco seguía pensando qué iba a pedir. "Bien, gracias". Esa sonrisa tímida que esbozo siempre que un desconocido es demasiado atento. "Un venti Mocha Frapuccino" le pedí, mientras con disimulación reparaba en el expansor de su oreja izquierda y la alegría que no sólo descansaba en sus acciones, sino también es sus ojos. "Mi lema es: ¿por qué tomar poco de algo tan rico?" dijo, sin borrar la sonrisa. "Disculpame, ¿qué?" le pregunté. Franco había preguntado si le elegía el muffin y no pude escucharlo. "Que mi lema es: ¿por qué tomar poco de algo tan rico, no?" "Claramente" respondí, con esa alegría contagiosa que prácticamente emanaba de sus poros. Intenté pagarle. Le pregunté si le venían bien 50 centavos y, luego de hacer un gesto gracioso elevando las manos al cielo y moviendo los labios con un "gracias Dios" silencioso, me dijo que me lo agradecería. Entonces Franco, con cara de orto, interrumpió la escena. "Agregá un Caramel Macchiato venti y un muffin de arándanos." Lo miré con cara de 'no sos más ortiva porque no podés con tu cara' y él optó por la de santo. El chico nos preguntó los nombres. "Ana" "Ana y...?" Ana y el ortiva que la acompaña. "Frank". No pude evitar la risa cuando vi el triunfo en su cara. Me dio muchísima gracia su forma de demostrar que me conoce bien.
¿La cuestión? Por este año quiero ser como el chico ese, desprender alegría por los poros y ser amable sin mirar con quién. Claro, the whole thing va a durar 5 minutos, conociéndome. Sin embargo, guardé el vaso de ese Frapuccino como recordatorio.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Te extrañé, my dear. Y te necesité, my dear. Estoy sin terapeuta, eso. Se me están acumulando las cosas y tengo que hacer un borrador del lío que tengo en la mente.
Hoy fui a visitar a la abuela, que cada vez está más loca. Me vio el tatuaje y me pidió que le explicara por qué me lo hice y que significaba para mí. Le expliqué con la misma explicación que le doy a todo el mundo que no me conoce lo suficiente para entender. Entonces me soltó la frase: que ella no se haría una tatuaje, dice, ahora que es mayor ni cuando fue joven, porque no me acuerdo quiénes dicen que los tatuajes agujerean el alma. 
Claro, cómo iba a reírme yo de uno de los tantos principios de la religión que mi abuela se creó. Así que opté por reírme en la mente y pensar lo agujereada que debe tener el alma Frank. Reparé, entonces, de la nada, lo poco seria que puedo ser la mayoría del tiempo.
Y mientras ella seguía diciendo que para ser monje no te tenés que tatuar, yo pensaba en la frase de Ana (mi psicóloga) cuando dijo que me había tatuado en un momento que, parecía, tenía el arte a flor de piel. No por nada, dicen.
Tengo en la cabeza ideas sueltas que plantean lo que es el amor. Muchas películas y mucha novela escrita últimamente. Es que lo necesito para uno de los personajes, entender yo que es el amor para mí, para poder explicarlo desde los dos puntos de vista. Difícil, complejo, sólo yo me meto en esas cosas.
Steve Jobs me sigue observando intensamente desde la tapa de su biografía, como diciendo "dale, cuándo me vas a terminar" y en la repisa están los tres tomos que forman la decepcionada mirada de Cortázar que me recrimina que nunca lo terminé; y yo me excuso.  
Mi papá con sus hipocresías y yo convenciéndome de que es el pelotudo dominado que elige ser.
Una familia que te pide que la agregues a Facebook y vos que pretendes salvaguardar tus reflexiones, por lo menos, en Internet. Paradójico que intente resguardar reflexiones en un blog que podría, en caso de que se quisiese, estar al alcance de cualquiera. Pero confío en que no me encuentren, confío en que sean lo suficientemente malos como para no poder encontrarme en Google, ni en Facebook, ni en ningún lado. Y si no me cambiaré el nombre a Bruno, a Bruno algo, a Bruno... debería charlar con Basile el apellido.
No volví a escribir un cuento corto desde María, que tiene sexo. Que es, creo, el primer cuento corto que mi mamá lee, que yo escribí, que tiene sexo. Sexo leve y embellecido por la ambigüedad de una metáfora pobre que alza, orgullosa, su frente. Recién empiezo, se convence. 
"A single man" que me agotó las lágrimas de las próximas cinco noches y Adele que me parte la cabeza con "Someone like you".
Josefina que se me vino a la cabeza de la nada por una puta canción.
Mi mamá que tiene un blog sin entradas y en cualquier momento me hace la contra.
Acá yo, pensando que quizá es momento de decirle un par de cosas a mi viejo.
Allá vos que leíste todo esto y te agradezco.
Quizá vuelva pronto, pero ya dije, no te prometo nada.

lunes, 11 de julio de 2011

Estaba hablando con Franco de mi proyecto de nueva "novela". Accedió animado a que se la leyera, agregando que no veía la hora de que volviese a escribir "como cuando era feliz". Usó esa expresión, que me quedó resonando en la cabeza. Sin embargo la ignoré y le leí los tres cuartos de hoja que había escrito. Se quedó en silencio, quizá pensando o eligiendo qué decir. Entonces, como un balde de agua fría: "vos podés hacer algo mejor". Y hasta entonces yo me había enganchado y sentía que era una de las mejores cosas que había hecho. De pronto me sentí intimidada por ese amigo que leyó Tolstoi, Kafka, Borges, Lorca, Cortázar, Kieffer, Poe y que, incluso sin haberlo leído, me dijo que me iba a llevar bien con Sábato. Con una risa nerviosa, le dije: "no sé si quiero seguir leyéndote mis cosas". A lo que replicó que no fuera boluda. Entonces, desesperada, me largué a llorar. Desesperada por el sentimiento de no hacer bien las cosas, de estar desperdiciando mi vida en cosas que no valen la pena cuando podría perfeccionar otra tantas que sí; desesperada por el hecho de que nada de lo que yo haga sea bueno para él; desesperada por la diferencia de la edad física y mental que tenemos. Se rió mientras decía que no podía creer que llorara por la simple devolución que había hecho, pero terminó poniéndose serio cuando se dio cuenta que lloraba de verdad. Me pidió que me tranquilizara y empezó a cantar Desert Song, pero le pedí que se callara. Y se calló porque vio venir la tormenta. "Que me molesta esto, porque ya no puedo, porque ya no me sirve, porque ya no somos los pibes que se tiraban en el jardín a rodar por el pasto a carcajadas, porque vos estás en otra y yo estoy en ésta, porque no podés hacer nada y tampoco te culpo, porque te amo tanto que me duele, porque me encantaría que muchas cosas no hubiesen pasado, porque cuando me siento mal lo único que quiero es que me abraces pero también te quiero mandar a la mierda, porque soy histérica y no me podés cambiar, porque ya no sirve y porque te amo tanto que estoy asustada, y porque nunca hago bien las cosas para vos, y me odio, carajo, cómo me odio". Se rió, se rió tan fuerte que tuve que alejarme el teléfono de la oreja. "Creo que no quiero verte, otra vez, por un buen tiempo".    Volvió a reírse y como reafirmando algo que flotaba en su cabeza dijo: "todo lo que tenés de inteligente lo tenés de miedosa. Te subestimás, odio que hagas eso y no te creo nada. No te creo, no quiero creerte, porque yo sé que no sos así. Y la puta madre, Ana Laura, sí que me gusta lo que hacés. Sólo intentaba que te esforzaras un poco. ¿No te quejás siempre de que pajeros como estamos no vamos a llegar a ningún lado? Bueno, empezá por aplicarlo en tu vida."
Mañana retomo las clases de piano y empiezo las de francés, las de canto y las de guitarra, mañana. Y ya que estamos, la próxima vez que lo vea le doy un abrazo por todos esos gracias que le debo.

martes, 15 de febrero de 2011

I'm not okay, I promise.

(Voy a intentar hacer una entrada con contenido, ya vuelvo.)

viernes, 21 de enero de 2011

Para atrás

Siempre que me detengo un minuto para mirar hacia atrás, lo que veo sólo es mierda. "Mirá qué pendeja que era", "las boludeces que decía", "mirá lo que hice", "era re tarada". (Bueno, lo de tarada lo sigo siendo pero eso lo pueden ignorar). Por alguna razón desconocida no puedo ver con buena cara cómo actué y/o decidí en el pasado. Es normal, a todos le pasa. Pero deteniéndome a pensar un minuto... ¿no es gracias a eso que soy quien soy ahora? ¿no es gracias a eso que maduré y aprendí tal cosa? No sé, ni siquiera lo que escribía me resulta bueno.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Gente

Estoy enojada con determinada gente. Digo yo, ¿por qué exigen cosas que ni siquiera ellas cumplen? Digo, ¿de qué se quejan si ellas hacen exactamente lo mismo? Y por último se me ocurre: está perfecto si no te caigo, si te parezco una persona de mierda, si no valgo la pena... lo que sea... ¿pero para qué venís a caretearla? Decís que casi todo el curso es falso, que son petes... ¿para qué querés, entonces, salir con los falsos y los petes? ¿No será que el problema lo tenés vos?
Todo el tiempo mentir, no sé cómo hacen para vivir así. Que me caés bien y la otra es una boluda, pero después esa boluda es la mejor y vos sos una falsa... ¿Te creés que no nos damos cuenta? ¿Creés que nuestro cerebro se limita al tamaño del tuyo? Tenés de tetas lo mismo que de cerebro (NADA). Te creés que somos mejores amigas porque te digo te amo, ¿y es eso una amistad? ¿Y si yo te estuviera careteando, igual que vos a mí? Ya está, ya fue, se cayeron las caretas, ya sabemos quién es quién acá.
Agradezco, en cierto modo, ser esta persona que soy y ser falsa solamente con algunas personas. Porque es lo que te profesan, para ellas eso es una amistad. Yo sé que hay varias personas que lo piensan y no se animan a decírtelo, no sé por qué. ¿Eso es amistad? Bueno, me cansé, acá tenés, esto es lo que pienso.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La mente & yo

¿Es amor? No sé.
¿Se te acelera el corazón? Probablemente...
¿Querés hablarle todo el día? Si lo niego sería estúpido.
¿Te gusta? No.
¿Entonces qué es? No sé.
Pero algo te pasa... Seguro.
¿Entonces? ¿Entonces qué?
¿Entonces te estás enamorando? No, no es amor.
¿No es o no querés que sea amor? No es, no quiero, es lo mismo.
No es lo mismo. Podés no querer y sin embargo ser amor; podés querer y que no sea nada; o puede ser y vos negás quererlo. Yo no niego nada, callate, ya me hartás. No quiero pensar en eso.
¿Por qué no? ¿Te duele? Y si me doliera, ¿qué?
Te duele porque estás enamorada, porque te gusta... ¡Qué no!
¿Se parecen? Muchísimo.
¿Te gusta lo que dice? Amo lo que dice.
Y si llorás es porque te gusta, dale, dejá de negarlo. No, no estoy llorando.
Manzana. Manzana.
Dale. No.
¿Por? Porque no pasa nada.
¿Entonces? ¿Entonces, qué?
¡TE GUSTA! ¡No!
¿Qué no? Estás intensa hoy, ¿eh? Chau.
No te vayas. ¿Por qué?
Porque te está esperando. Estoy cansada.
No importa, te está esperando. Tengo sueño.
¿De lo contrario te quedarías? Sí.
¿Ves? Te gusta, te enamoraste. Estás insoportable.
Bueno, chau. Chau.
¿Te vas? ¿A dónde? No importa, por ahí.
¿A hablarle? A hablarle.
Te enamoraste, no.

Ahora ella está feliz, volvió con el idiota, yo recorro las calles, buscando otra mujer. Y aprendí que mentirse tiene patas muy cortas, que siempre la costumbre va a matar al placer.