Mostrando entradas con la etiqueta Dudas existenciales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dudas existenciales. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de noviembre de 2011

¿Cuánto tiempo podemos mantener la farsa?
¿Cuánto tiempo podemos fingir que todo está bien?
¿Cuánto tiempo vamos a intentar convencernos de que no nos sentimos solos?
Face it.

lunes, 17 de octubre de 2011

Les gusta creer que por fumar un cigarrillo son más grandes; por tomar más alcohol, más fuertes. Se creen que dañando gente son más capos y excluyendo, exclusivos. Creen que pueden hacer lo que quieren cuando quieren, y se sienten rebeldes por el solo echo de poder hacerlo. Se piensan transgresores por malgastar su libertad y cuando les pedís una opinión formada de algo no saben ni lo que piensan. 
Qué equivocados están.
Ser grande en la adolescencia es crecer de golpe, y no es lindo. 
Ser fuerte es saber salir adelante cuando ya estás en el fondo y no hay nada que te saque.
Ser rebelde o transgresor es ir al choque, pero para hacerlo es necesario defender tus ideales, tus opiniones.
Pensar es entender, escuchar, dialogar, creer en algo y analizar todo lo otro, lo demás.
Qué equivocados estamos.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Me di cuenta que un sabor o un aroma, una canción o una sonrisa, son un viaje en el tiempo. Un viaje a un momento, a un sentimiento; quizás a varios.

Me di cuenta que el olor de los jazmines son mi abuela, los sahumerios son mi casa, las pastillas de pomelo son el primer viaje que hice sola con mi papá, la sonrisa de Franco son mi infancia, The Black Parade es Bariloche, mis cuadernos son mi historia y mi historia son momentos.

Emocionarse con algo es saber que estás vivo, una sonrisa sincera es un amigo, disfrutar cada momento es vivir lo mejor posible, llorar con una película es ponerse en el lugar de otro, un abrazo es amor.

Ni siquiera sé por qué escribo esto, se me vino a la cabeza de pronto. Estaba pensando en la nena que mataron y en lo que el mundo se está convirtiendo.
¿Por qué no respetamos la vida, por qué no la disfrutamos?
¿Por qué se nos hace tan difícil vivir en paz?
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar las diferencias?
¿Por qué siempre lo termina pagando gente inocente?

El cambio empieza por nosotros; si no hacemos nada para mejorar, ¿a dónde vamos a ir a parar? Tendríamos que aceptar, entrar en razón, por una vez tomar conciencia.
Todos.

viernes, 1 de julio de 2011

—Qué lindo cantás.
—No me escribas la pared...
—Sólo quiero estar entre tu piel. 
—Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aquí...
—No vería la razón en seguir viviendo sin tu amor.
—Ya lo sabía.
—La cagaste.
—Estaba pensando...
—No.
—Si no te dije nada.
—Ya sé por dónde va la cosa y no. ¿Está mejor tu hermana? 
—Por suerte sí. Necesito que hablemos.
—No, ahora no.
—Por favor.
—No quiero hablar, ¿vos querés pelear de nuevo? Porque te recuerdo que sos mi mejor amigo y parecemos perro y gato. 
—¿Pero entendés cómo es lo que no te digo?
—Siempre entiendo lo que no decís.
—Te hablo en serio.
—Sí. 
—Pero...
—Nos hace mal, por eso.
—Te amo.
—Yo también.
—No queda más que viento.
—No queda más que viento. 
....
—Fran...
—¿Qué?
—¿Qué hacemos con las palabras que no decimos?
—Las acumulamos.
—Eso cree Gerard, ¿pero qué cree Frank? 
—¿Frank sos vos?
—Algo así.
—Frank cree que las palabras que no dice no las dice para protegerse, porque tiene miedo. Porque Frank es miedoso, siempre fue miedoso. Pero no le da importancia, no se detiene a pensar qué hace después con eso, aunque sabe que el tiempo no cura las heridas. Él hace las cosas porque están bien y porque tienen que ser así.
—¿Y Gerard?
—¿Y Gerard qué? Me parece que lo conocés lo suficiente como para entender su punto de vista en esto.
—Sos rápido.
—¿Qué?
—Que pensás rápido, eso.
—Me pediste ayuda y te ayudé, nada más. Es sólo la construcción de dos personajes...

¿A dónde van las palabras que no decimos?

jueves, 28 de abril de 2011

Lo llamé, y en realidad no quería; pero necesitaba escucharle un rato la voz. Esa paz y esa ternura que tiene cuando me habla, me tranquiliza. Las cosas están bien, yo sabía. Hablamos de los recuerdos, de nuestros recuerdos. En realidad, el punto es que yo no quería llegar a ese límite donde mi amigo se convierte en él, porque es exactamente donde pierdo el control y se me embarra el terreno. A mí, porque él sigue como si nada. Le dije que lo amo, pero esta vez era verdad. En realidad siempre fue verdad, pero esta vez era diferente. Creo que lo entendió. Creo, porque con Franco nunca te quedan las cosas claras.
Entonces decidí contarle que en catequesis el otro día hablamos del perdón. A lo que replicó, sabiéndose de memoria mi ateísmo: "Catequesis" . Le dije que me dejara terminar y, resumiendo un poco, le conté que en el papelito había pedido perdón por ciertas cosas que involucraban. Y dijo: "Ajá", entendiendo que esas cosas no quería mojarlas en el tintero otra vez. Con su típico psicoanálisis me preguntó si me había hecho bien a lo que le respondí que no sabía, que en realidad buscaba que él me perdonara. "Ya te perdoné hace tiempo". 
Entonces lo entendí: no busco su perdón, lo que busco es el mío propio. Porque aunque sé que las cosas no van a ser las de antes, sé que está ahí cuando lo necesite. Siempre, en la hora y la situación que yo quiera. Pero a veces no termino de entenderme y es ahí cuando deposito las cosas en donde no debo, y siempre termina siendo él.
Para sacarme una sonrisa me preguntó si no extrañaba las tardes en su casa, tirados en el pasto, buscándole formas a las nubes como dos boludos y jugando con su hermana. "Pero lo que más extraño son tus asquerosas chocolatadas". Entonces me reí.
Cuando conocés a la persona que creés amar, nada vuelve a ser lo suficientemente bueno. Es drástico y pendejo hablar así, ¿pero no es escribir lo que siento el objetivo con el que empecé este blog?  Das vueltas y vueltas buscando aquello que añorás inconscientemente y que no vas a encontrar en otro lugar que no sea donde estaba originalmente. E hice mil cosas para no necesitar eso, intenté de mil y una formas; pero hay cosas de las que, lamentablemente, somos esclavos. De nuestras decisiones, por ejemplo, pero de las de los otros también. En ese punto se vio obligado a pedirme perdón y aunque en realidad pensaba otra cosa, le dije que hay cosas por las que no se piden perdón y ella era una de esas. Le agradecí por la sonrisa sincera que me había sacado, esa que necesito para existir, esa que sólo él, y no me amigo, me saca.
"No, no estoy enamorada" me repito.

viernes, 4 de febrero de 2011

Entrada emo

Me acuerdo la vez que mi profe me dijo que escribir era como hacer el amor, como tener un orgasmo. Sonriendo alzó la vista quizá tan incómodo como yo, pero con aquella forma directa que lo caracteriza y dijo: "Porque cuando uno hace el amor necesita una pausa, un momento. Las ganas están saciadas, escribir es lo mismo".
Exigirse es desgastarse, supongo. Escribir con un determinado plazo pesando sobre tus hombros no es fácil. Porque sí, podría escribir cientos de palabras vacías, ¿pero para qué hacerlo si no tienen significado alguno?
Supongo que con nostalgia puedo decir que tuve un orgasmo y que, hasta que no pase ese momento "posterior" no voy a recuperar mis palabras.
Quizá debería probar con—como dice mi recientemente adquirida hermanita menor—"uno de mis martes 13". Perhaps sea eso, que me estoy exigiendo escribir algo que ni siquiera yo me acuerdo como se siente. De todos modos voy a probar de nuevo. Tal vez mañana de pueda escribir sobre ese pasado que no duele pero molesta, sobre esa herida que se cierra parcialmente pero que en cuanto la recuerdo vuelve a sangrar.
Chau, me voy a seguir llorando con Desert Song (etapa que pensé que había pasado pero al parecer no).
PD: ¿Cuánto me duró la felicidad? Escasos meses.

viernes, 21 de enero de 2011

Para atrás

Siempre que me detengo un minuto para mirar hacia atrás, lo que veo sólo es mierda. "Mirá qué pendeja que era", "las boludeces que decía", "mirá lo que hice", "era re tarada". (Bueno, lo de tarada lo sigo siendo pero eso lo pueden ignorar). Por alguna razón desconocida no puedo ver con buena cara cómo actué y/o decidí en el pasado. Es normal, a todos le pasa. Pero deteniéndome a pensar un minuto... ¿no es gracias a eso que soy quien soy ahora? ¿no es gracias a eso que maduré y aprendí tal cosa? No sé, ni siquiera lo que escribía me resulta bueno.