viernes, 1 de julio de 2011

—Qué lindo cantás.
—No me escribas la pared...
—Sólo quiero estar entre tu piel. 
—Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aquí...
—No vería la razón en seguir viviendo sin tu amor.
—Ya lo sabía.
—La cagaste.
—Estaba pensando...
—No.
—Si no te dije nada.
—Ya sé por dónde va la cosa y no. ¿Está mejor tu hermana? 
—Por suerte sí. Necesito que hablemos.
—No, ahora no.
—Por favor.
—No quiero hablar, ¿vos querés pelear de nuevo? Porque te recuerdo que sos mi mejor amigo y parecemos perro y gato. 
—¿Pero entendés cómo es lo que no te digo?
—Siempre entiendo lo que no decís.
—Te hablo en serio.
—Sí. 
—Pero...
—Nos hace mal, por eso.
—Te amo.
—Yo también.
—No queda más que viento.
—No queda más que viento. 
....
—Fran...
—¿Qué?
—¿Qué hacemos con las palabras que no decimos?
—Las acumulamos.
—Eso cree Gerard, ¿pero qué cree Frank? 
—¿Frank sos vos?
—Algo así.
—Frank cree que las palabras que no dice no las dice para protegerse, porque tiene miedo. Porque Frank es miedoso, siempre fue miedoso. Pero no le da importancia, no se detiene a pensar qué hace después con eso, aunque sabe que el tiempo no cura las heridas. Él hace las cosas porque están bien y porque tienen que ser así.
—¿Y Gerard?
—¿Y Gerard qué? Me parece que lo conocés lo suficiente como para entender su punto de vista en esto.
—Sos rápido.
—¿Qué?
—Que pensás rápido, eso.
—Me pediste ayuda y te ayudé, nada más. Es sólo la construcción de dos personajes...

¿A dónde van las palabras que no decimos?

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