martes, 8 de febrero de 2011

¿Qué sentido tiene mostrar algo que no sos? Ninguno. Mi papá, su mujer, mi familia paterna tiene una obsesión con ese tipo de cosas. A Lorena le encanta alardear de que tiene un Volvo y sus dos hijos van a un colegio bilingüe, como si eso la hiciese mejor persona, como si mereciera más atención. Pobre, me da tanta lástima. A veces doy gracias por no haberme criado en un núcleo así. Si bien mi viejo, mis hermanos, mis abuelos son mi familia, crecer con mi mamá me abrió mucho más la mente. Ese lado de mi árbol genealógico tiende a "esconder las cosas abajo de la alfombra" mientras que el otro suele hablarlas e ir de frente.
Si hubiera crecido así yo ahora sería probablemente una de esas adolescentes insufribles, homofóbicas, huecas, esas que carecen de carácter y forma de pensar propia, que son a imagen y semejanza de lo que sus papás quieren. Por suerte, no lo soy y cada vez que piso la casa de mi abuelo y lo escucho decir algún comentario despectivo contra las personas homosexuales me hierve la vena. Y cada que no me deja respirar sin tener que corregirme algo, agradezco tener que soportarlo sólo de vez en cuando, porque no me quiero imaginar cómo debe ser convivir con alguien así. No me deja mascar chicle y hacer globo, y no estoy jodiendo, hablo en serio, es insoportable.
Mi papá... él es un tema aparte. Es un tipo conflictivo, pero en cierto punto lo admiro por salir tan "normal" de algo como eso donde se crió. Es el mayor de tres hermanos y, por suerte, pudo crecer con varios prejuicios menos que su papá. Prejuicios de mierda, cosas que sólo sirven para generar odio porque no tienen otro trasfondo. Mi viejo es mi viejo. Qué se yo, lo amo, pero a veces se manda tantas cagadas que me cegan ese amor que le tengo. Él es "esconder abajo de la alfombra" en todo sentido. Quizá no lo haga adrede, quizá sea la única forma que encuentra correcta para solucionar las cosas, peo es ahí donde yo, sin decirlo, choco con él. Si necesita, quiere, tiene—o el verbo que más te guste—que mentir no hay excusa alguna para que me meta a mí en el medio. That's the point. Él en su matrimonio hace, dice y se maneja como quiere y si él decide mentirle a Lorena es su decisión, pero yo no tengo por qué hacer lo mismo. Después pasan las cosas que pasaron; ella gritando como la desquiciada hija de puta que es que mi mamá lo único que quiere es afanarle. El punto es que, en cierto modo, el accionar de mi papá me hace sentir mentalmente superior a Lorena (que aclaremos es 22 años más grande que yo). Al fin y al cabo al parecer yo tengo la madurez necesaria para entender ciertas cosas que ella no y a la pobre hay que mentirle. JÁ, repito, me da lástima. Lo único que le tenía era respeto, ahora ni siquiera eso. Me encantaría hablar de todo esto con mi viejo, incluso desarrollar el punto de mi superioridad mental y madurez al lado de la de su mujer; pero no puedo. Y en terapia creo que llegué a la conclusión de que es porque a mí me gusta ahorrarle—ahorrarnos—el momento incomodo. Algún día lo voy a tener que hablar, porque por suerte yo crecí con mi mamá que me enseñó que las cosas hay que hablarlas y de frente.
Qué loco, no tenía pensado hablar de esto, yo quería hablar de la necesidad de ostentar de algunas personas, pero bueno, otro día será.

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